Cubierta de la novela La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés.

Novedad · Novela independiente · Preventa

La receta que nadie escribió

Una historia sobre lo que nos cuida, incluso sin saberlo.

A veces, cuatro palabras bastan para abrir una puerta que llevaba años cerrada: pan, leche, azúcar y canela. Tomás descubre que también puede dejarse cuidar y mirar de otra manera su propia historia.

Preventa disponible. Lanzamiento previsto: 25 de noviembre de 2026.

Descubrir el libro

¿Por qué existe Universo Canela?

Porque algunas historias merecen ser contadas despacio.

Porque la memoria también necesita un hogar.

Porque los libros pueden seguir abrazándonos cuando todo parece haberse roto.

Universo Canela es un refugio para quienes aún creen en las palabras, en los recuerdos y en la belleza de las cosas sencillas.

Ilustración en acuarela de un niño en la cama escuchando una radio durante la noche.

Una historia que también se escucha

La radio, un hilo al mundo. Pulsa reproducir cuando quieras escuchar el audio de bienvenida a Universo Canela.

El audio no se inicia automáticamente. Abrir el reproductor en otra pestaña.

Comparte este rincón

domingo, 4 de enero de 2026

A fuego lento, también hoy




Hay días en los que no pasa nada extraordinario.
Y, sin embargo, pasa todo.

Hoy es uno de esos días.
El mundo no se ha detenido, pero ha bajado el volumen. La prisa ha perdido importancia y el cuerpo —ese lugar donde se guarda la memoria— pide silencio, respeto y tiempo. Tiempo de los de antes. De los que no se miden en productividad, sino en respiraciones.

Escribir hoy no nace de la euforia. Nace de la necesidad.
De sentarse despacio, como se sentaban nuestros mayores a la mesa, sin saber si habría mucho o poco, pero con la certeza de que se compartiría.

El Niño que huele a canela no escribe cuando todo va bien.
Escribe cuando la vida aprieta, cuando caminar cuesta, cuando la noche se alarga más de la cuenta y el dolor se vuelve conversación obligada. Es entonces cuando aparecen las palabras justas. No muchas. Las necesarias.

Canela.
No como adorno, sino como memoria.
La canela no grita: acompaña. Endulza sin imponerse. Corrige sin borrar el sabor original. Así debería ser la vida cuando se vuelve difícil: fiel a lo que somos, aunque duela.

Hoy el cuerpo va más lento.
Y no pasa nada.
Porque ir despacio también es avanzar.

Este blog —y este libro— no nacieron para correr. Nacieron para quedarse. Para leerse con la misma calma con la que se removía una olla antigua al fondo de la cocina, mientras alguien decía: “esto necesita su tiempo”. Y tenía razón.

He aprendido que la dignidad no está en aguantarlo todo, sino en saber parar.
Que la fuerza no siempre se nota en las piernas, a veces se nota en la manera de mirar el día sin rencor.
Que escribir también puede ser una forma de cuidarse.

Hoy no prometo nada grandioso.
Prometo verdad.
Prometo no maquillar el cansancio ni disfrazar la esperanza. Prometo seguir aquí, escribiendo cuando se pueda, descansando cuando haga falta, y creyendo —como se creía antes— que las cosas importantes no se abandonan, se sostienen.

A fuego lento.
Como la vida cuando se hace mayor.
Como los libros que no buscan aplauso, sino compañía.

— El Niño que huele a canela
DMA


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este espacio también es tuyo.
Si esta historia te ha despertado un recuerdo, una emoción o una sonrisa, déjalo aquí.
En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.

Coca de recapte con escalivada y sardinas: una coca para el camino

El primer fresco de octubre entra en el mercado por debajo de los toldos. En una caja, los pimientos rojos parecen guardar el último sol; al...