Cubierta de la novela La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés.

Novedad · Novela independiente · Preventa

La receta que nadie escribió

Una historia sobre lo que nos cuida, incluso sin saberlo.

A veces, cuatro palabras bastan para abrir una puerta que llevaba años cerrada: pan, leche, azúcar y canela. Tomás descubre que también puede dejarse cuidar y mirar de otra manera su propia historia.

Preventa disponible. Lanzamiento previsto: 25 de noviembre de 2026.

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¿Por qué existe Universo Canela?

Porque algunas historias merecen ser contadas despacio.

Porque la memoria también necesita un hogar.

Porque los libros pueden seguir abrazándonos cuando todo parece haberse roto.

Universo Canela es un refugio para quienes aún creen en las palabras, en los recuerdos y en la belleza de las cosas sencillas.

Ilustración en acuarela de un niño en la cama escuchando una radio durante la noche.

Una historia que también se escucha

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lunes, 12 de octubre de 2026

Coca de recapte con escalivada y sardinas: una coca para el camino

El primer fresco de octubre entra en el mercado por debajo de los toldos. En una caja, los pimientos rojos parecen guardar el último sol; al lado, una berenjena oscura conserva el brillo de la lluvia. Después del horno, al pelarlos, la cocina se llena de un aroma dulce y ahumado que anuncia una masa fina, dorada y ligeramente crujiente.

Ilustración en cuatro escenas de una mensajera que se detiene en un mercado: consulta un plano mojado, aparecen los ingredientes de una coca de recapte, el Niño Canela y un panadero cubren la masa con escalivada y sardinas, y finalmente la mensajera se lleva una porción envuelta en papel.

La coca de recapte admite muchas versiones: su cubierta cambia según los ingredientes disponibles y puede reunir verduras, pescado o carne. Esta propuesta combina escalivada y sardinas sobre una masa sencilla de harina, agua, levadura, sal y aceite de oliva. Se sirve recién hecha o templada, y también puede envolverse para llevar. Hoy, además, su nombre nos acompañará en una historia sobre los caminos que recorremos con algo bueno entre las manos.

Coca de recapte con escalivada y sardinas

Raciones: 4 como cena ligera o 6 como aperitivo
Preparación activa: unos 35 minutos
Fermentación: 60–75 minutos
Horno: unos 60 minutos en total, en dos etapas
Tiempo total orientativo: alrededor de 2 horas
Dificultad: media
Utensilios: bandeja de horno, papel de hornear, bol amplio, paño limpio y rejilla o colador.

Ingredientes

Para la masa

  • 300 g de harina de trigo común.
  • 165 ml de agua templada, no caliente.
  • 5 g de levadura seca de panadería.
  • 6 g de sal fina.
  • 30 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • Hasta 20 g de harina adicional para espolvorear la superficie de trabajo.

Para la cubierta

  • 1 pimiento rojo grande, unos 250 g.
  • 1 berenjena mediana, unos 300 g.
  • 1 cebolla pequeña, unos 120 g.
  • 15 ml de aceite de oliva para asar las hortalizas.
  • 1 lata de sardinas en aceite, unos 90 g escurridos.
  • 10 ml de aceite de oliva para terminar.
  • 1–2 g de sal para las verduras, ajustando con cuidado por la sal de las sardinas.

Elaboración

  1. Asa las hortalizas. Precalienta el horno a 180 °C, con calor arriba y abajo. Lava el pimiento y la berenjena; pincha la berenjena una o dos veces con la punta de un cuchillo. Parte la cebolla por la mitad. Ponlo todo en una bandeja, reparte los 15 ml de aceite y ásalo durante 35–45 minutos, girando el pimiento y la berenjena a mitad de cocción. Estarán listos cuando la piel se haya oscurecido por zonas y la pulpa esté blanda; la cebolla debe poder atravesarse con la punta de un cuchillo.
  2. Prepara la masa mientras se asan. Mezcla la harina y la levadura en un bol. Añade el agua templada y el aceite, y empieza a mezclar. Incorpora la sal y trabaja la masa unos 8–10 minutos, hasta que esté lisa y elástica. Si se pega mucho, espolvorea la mesa con una pequeña parte de la harina reservada.
  3. Deja levar. Forma una bola, vuelve a ponerla en el bol y cúbrela con un paño limpio. Déjala reposar 60–75 minutos, o hasta que haya aumentado visiblemente de tamaño. El tiempo puede variar según la temperatura de la cocina.
  4. Pela y escurre las verduras. Cuando estén tiernas, sácalas del horno y cúbrelas durante 10 minutos para facilitar el pelado. Retira la piel del pimiento y la berenjena, quita las semillas del pimiento y corta ambas hortalizas en tiras. Pela la cebolla y separa sus capas. Déjalas escurrir en un colador durante 10–15 minutos para retirar el exceso de líquido.
  5. Forma la coca. Sube el horno a 200 °C. Pon papel de hornear sobre una bandeja. Estira la masa con las manos o con un rodillo hasta formar un rectángulo de unos 30 × 35 cm, de aproximadamente 4–5 mm de grosor. Déjala reposar 15 minutos mientras termina de calentarse el horno.
  6. Añade la cubierta. Distribuye las tiras de pimiento, berenjena y cebolla sin amontonarlas. Añade una pizca de sal, con moderación, y la mitad del aceite restante. Escurre las sardinas, desmenúzalas en trozos grandes y repártelas por encima.
  7. Hornea. Hornea la coca a 200 °C durante 20–25 minutos, en la zona central o ligeramente inferior del horno. Estará lista cuando los bordes estén dorados y la base se vea cocida y firme. Si tu horno calienta de forma desigual, gira la bandeja a mitad de cocción.
  8. Termina y sirve. Déjala reposar 5 minutos sobre una rejilla y añade el aceite de oliva restante. Sírvela caliente o templada, cortada en porciones.


Una historia del Niño Canela: la ruta que cabía en un papel

Relato original de ficción.

El viento había borrado parte del plano de Abril. La mensajera apoyó la bicicleta bajo el toldo del mercado y alisó el papel mojado contra una caja vacía. Tenía que entregar un paquete en un taller de encuadernación antes del cierre, pero la lluvia había convertido dos calles en manchas azules.

—Si sigo mirando el reloj, voy a llegar tarde hasta a la hora —dijo, sin apartar los ojos del mapa.

El Niño Canela la oyó desde el puesto vecino. Allí, Tomàs, el panadero, estaba estirando una masa sobre la mesa. En una bandeja esperaban unas tiras de pimiento, berenjena y cebolla, asadas hasta quedar blandas y brillantes. Sobre la masa, Tomàs las ordenó con paciencia; luego añadió unas sardinas.

—¿Qué significa recapte? —preguntó el Niño Canela.

—Algo que te llevas para comer cuando estás fuera —contestó Tomàs, mientras doblaba un papel de estraza alrededor de una porción.

Abril guardó el plano y miró la coca. Iba a decir que no tenía tiempo, pero el estómago le contestó antes. Tomàs le ofreció un trozo todavía tibio. Ella aceptó y se sentó bajo el toldo, con la bicicleta al alcance de la mano.

Durante unos minutos no hablaron del reloj. Abril comió despacio, limpió con el dedo una gota de aceite que había caído en el papel y volvió a abrir el plano. Esta vez no buscó las calles borradas: trazó la ruta a partir de los dos nombres que aún se leían y de un giro que conocía de memoria.

—Ya está —dijo, guardándolo con cuidado—. No era un mapa perdido; solo necesitaba que dejara de mojarse.

Tomàs envolvió otra porción para el camino. Abril la acomodó en la cesta, subió a la bicicleta y se fue por la calle seca, sin pedalear como si la persiguiera el viento.

El Niño Canela se quedó mirando el pequeño círculo de aceite en el papel. Parecía una señal de camino, aunque nadie la hubiera dibujado.

Lo que nos enseña esta receta

A veces, una pausa pequeña basta para volver a mirar con claridad. Y hay comidas sencillas que saben acompañar sin pedir nada a cambio.

Truco Canela

Escurre las verduras asadas antes de ponerlas sobre la masa. Así reducirás el líquido que sueltan y ayudarás a que la base se hornee sin quedar húmeda.



martes, 22 de septiembre de 2026

CALLOS DE DOMINGO

Callos de domingo con Teresa

Una receta con sabor a infancia lenta

 El niño que huele a canela

“Teresa decía que no todo el mundo podía cocinar callos. ‘Hay que saber esperar, cariño, y no tener miedo a las horas’. Y yo, que aún era niño y no entendía casi nada, me quedaba embobado viéndola cortar el chorizo, echar el laurel, y remover con ese gesto tan suyo, entre fuerza y ternura. El olor subía por las escaleras del centro como un canto de esperanza. Ese día, todos venían a la cocina sin hacer ruido. Solo por si podían probar un poco antes de tiempo. Pero Teresa, implacable, les decía: ‘¡Todavía no, alma de cántaro!’”


🧄 Receta de Callos con Teresa (versión tradicional)

Ingredientes (para 4 personas):

  • 1 kg de callos de ternera bien limpios
  • 200 g de morro y pata de ternera (opcional)
  • 1 chorizo curado en rodajas
  • 1 morcilla (opcional)
  • 100 g de jamón serrano en tacos
  • 1 cebolla
  • 4 dientes de ajo
  • 2 hojas de laurel
  • 1 guindilla (opcional)
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 cucharadita de pimentón picante
  • Sal y pimienta al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Agua
  • Unas ramas de perejil fresco

Elaboración:

  1. Lava muy bien los callos con vinagre y limón. Luego cuécelos breve mente para blanquearlos y retira esa primera agua.
  2. En una olla grande, añade los callos, el morro y la pata troceados. Cubre con agua limpia, añade sal, laurel y cuece a fuego lento durante al menos 2 horas (mejor si son 3).
  3. Mientras tanto, en una sartén con aceite, sofríe la cebolla, los ajos, los tacos de jamón, la guindilla y el chorizo. Cuando estén dorados, incorpora el pimentón con cuidado de que no se queme.
  4. Añade este sofrito a la olla de los callos y deja que se fundan los sabores otra hora más. Si usas morcilla, agrégala entera en los últimos 15 minutos.
  5. Rectifica de sal y deja reposar un poco antes de servir.

Consejo de Teresa:

“Mejor al día siguiente, con pan del bueno y silencio en la mesa”.


Torrijas de canela y miel

Un dulce humilde, dorado y perfumado, pensado para aprovechar el pan y convertir una tarde sencilla en un recuerdo.

Ingredientes

  • 8 rebanadas de pan del día anterior.
  • 500 ml de leche.
  • 1 rama de canela.
  • La piel de medio limón.
  • 2 cucharadas de azúcar.
  • 2 huevos.
  • Aceite suave para freír.
  • 3 cucharadas de miel y 2 cucharadas de agua.

Tiempo y dificultad

Preparación: 15 minutos. Cocción: 10 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 4.

Paso a paso

  1. Calienta la leche con la canela, el limón y el azúcar durante 5 minutos sin dejar que hierva.
  2. Retira del fuego y deja templar.
  3. Coloca el pan en una fuente y vierte la leche poco a poco; espera 5 minutos para que se empape sin romperse.
  4. Bate los huevos y pasa cada rebanada por ellos.
  5. Fríe en aceite caliente hasta que estén doradas por ambos lados y escúrrelas sobre papel.
  6. Calienta la miel con el agua y riega las torrijas antes de servir.

Consejo del Niño Canela

Déjalas reposar unos minutos; la miga terminará de guardar la leche y quedarán más tiernas.

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Natillas caseras de limón

Cremosas, suaves y con el perfume limpio del limón, como las que esperaban en la nevera después de comer.

Ingredientes

  • 500 ml de leche.
  • 4 yemas.
  • 80 g de azúcar.
  • 25 g de maicena.
  • La piel de un limón.
  • Canela molida.

Tiempo y dificultad

Preparación: 30 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 4.

Paso a paso

  1. Infusiona la leche con la piel de limón durante 8 minutos.
  2. Mezcla las yemas, el azúcar y la maicena en un cuenco.
  3. Añade la leche templada poco a poco mientras remueves.
  4. Devuelve la mezcla al cazo y cocina a fuego bajo, removiendo, hasta que espese.
  5. Retira el limón, reparte en cuencos y cubre con film en contacto.
  6. Enfría al menos 2 horas y espolvorea canela al servir.

Consejo del Niño Canela

No dejes que la crema hierva; así conservará una textura lisa.

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Bizcocho de yogur, naranja y canela

Un bizcocho sencillo para llenar la casa de aroma y acompañar el café de la tarde.

Ingredientes

  • 1 yogur natural.
  • 3 huevos.
  • 2 medidas de yogur de azúcar.
  • 3 medidas de harina.
  • 1 medida de aceite suave.
  • 1 sobre de levadura.
  • Ralladura de una naranja.
  • 1 cucharadita de canela.

Tiempo y dificultad

Preparación: 15 minutos. Horno: 35 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 8.

Paso a paso

  1. Calienta el horno a 180 °C y engrasa un molde.
  2. Bate los huevos con el azúcar hasta que blanqueen.
  3. Incorpora el yogur, el aceite y la ralladura.
  4. Añade harina, levadura y canela tamizadas.
  5. Vierte en el molde y hornea 30–35 minutos.
  6. Comprueba con un palillo, deja enfriar 10 minutos y desmolda.

Consejo del Niño Canela

No abras el horno durante los primeros 25 minutos para que conserve su volumen.

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Lentejas guisadas con verduras

Un plato de cuchara que cocina despacio y deja en la cocina ese olor que anuncia que alguien se ha ocupado de ti.

Ingredientes

  • 300 g de lentejas pardinas.
  • 1 cebolla.
  • 2 zanahorias.
  • 1 pimiento verde.
  • 1 tomate.
  • 1 patata.
  • 2 dientes de ajo.
  • 1 hoja de laurel.
  • 1 cucharadita de pimentón.
  • 2 cucharadas de aceite y 1,2 litros de agua.

Tiempo y dificultad

Preparación: 15 minutos. Cocción: 45 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 4.

Paso a paso

  1. Lava las lentejas y escúrrelas.
  2. Sofríe cebolla, ajo, pimiento y zanahoria picados durante 8 minutos.
  3. Añade el tomate rallado y cocina 5 minutos.
  4. Retira el cazo del fuego, incorpora el pimentón y remueve.
  5. Agrega lentejas, patata, laurel y agua.
  6. Cuéce a fuego suave 40–45 minutos, corrigiendo de sal y agua si fuera necesario.
  7. Deja reposar 10 minutos antes de servir.

Consejo del Niño Canela

Si las dejas reposar, el caldo se vuelve más redondo y las verduras terminan de integrarse.

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

LAS RECETAS QUE NADIE ESCRIBIÓ

 Un viejo libro. Un papel antiguo. Cuatro palabras.


Pan. Leche. Azúcar. Canela.


Descubre La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés · DMA.


Una novela sobre lo que hacemos con el cuidado que recibimos.



domingo, 13 de septiembre de 2026

Segundas oportunidades

UN CAFÉ CONMIGO



A veces volver a empezar no significa regresar al mismo lugar, sino aprender a caminar de otra manera.

DMA 


Hay momentos en la vida en los que creemos que todo ha terminado. Personas que se marchan, decisiones que pesan, puertas que se cierran y oportunidades que pensamos que nunca volverán. Pero quizá las segundas oportunidades no llegan para repetir nuestra historia, sino para escribirla de otra manera.

Siéntate. Hoy el café lo pongo yo.

No hace falta que digas nada. Hay días en los que uno simplemente necesita sentarse frente a alguien y dejar que el silencio haga su trabajo.

Hoy quiero hablarte de las segundas oportunidades.

Durante mucho tiempo pensé que una segunda oportunidad significaba volver atrás. Recuperar aquello que habíamos perdido. Conseguir que alguien regresara. Intentar de nuevo lo que una vez salió mal.

Con los años he aprendido que no siempre es así.

A veces una segunda oportunidad no consiste en recuperar a una persona, sino en recuperarnos a nosotros mismos.

Porque todos hemos cometido errores.

Hemos dicho palabras que no debíamos. Hemos confiado en quien no lo merecía. Hemos dejado marchar a personas importantes por orgullo. Hemos tomado decisiones demasiado deprisa y otras demasiado tarde.

Y después llega ese momento incómodo en el que nos quedamos a solas con nuestros pensamientos y nos preguntamos:

¿Y si hubiera hecho las cosas de otra manera?

Ojalá la vida tuviera un botón para volver atrás. Pero no lo tiene.

Y quizá eso sea precisamente lo que nos obliga a crecer.

Una segunda oportunidad no borra lo ocurrido. No cambia el pasado. No convierte nuestros errores en aciertos.

Pero puede enseñarnos a vivir de otra manera después de ellos.

A veces la segunda oportunidad llega en forma de una persona que vuelve a nuestra vida. Otras veces llega como una puerta que se abre cuando pensábamos que todas estaban cerradas.

Y algunas veces llega sin hacer ruido.

Llega una mañana cualquiera.

Te miras al espejo y descubres que, aunque sigues teniendo cicatrices, ya no duelen como antes.

Entonces comprendes algo importante: también puedes darte una segunda oportunidad tú mismo.

Perdonarte por no haber sabido hacerlo mejor cuando todavía no sabías cómo.

Perdonarte por haber querido demasiado.

Por haberte equivocado.

Por haber permanecido demasiado tiempo donde ya no eras feliz.

Por haber dicho adiós.

Por no haberlo dicho antes.

Quizá crecer sea precisamente eso: dejar de castigarnos eternamente por una versión de nosotros que ya no existe.

No todas las historias merecen una segunda parte. Hay personas a las que debemos dejar marchar. Hay puertas que es mejor no volver a abrir.

Pero también existen historias que merecen otra oportunidad.

Y lo difícil está en aprender a distinguir unas de otras.

Por eso, si hoy estás pensando qué llegaste tarde, que perdiste tu oportunidad o que ya no queda nada por hacer, déjame decirte algo:

Tal vez no necesitas volver al principio.

Tal vez solo necesitas dar el siguiente paso.

Porque una segunda oportunidad no siempre se parece a lo que imaginábamos.

A veces no viene acompañada de una llamada.

Ni de un mensaje.

Ni de alguien regresando.

A veces tiene nuestra propia voz.

Esa voz que una mañana nos dice:

Vamos a intentarlo otra vez.

Y quizá ese sea el café más importante que podamos tomar con nosotros mismos.

El café de comprender que todavía estamos aquí.

Que todavía podemos elegir.

Que todavía podemos cambiar.

Que todavía podemos querer.

Y, sobre todo, que mientras haya vida, nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo.


“Una segunda oportunidad no siempre consiste en volver a empezar la historia; a veces consiste en continuar siendo una persona diferente.”

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado tener una segunda oportunidad: con alguien, con una decisión, con un sueño o incluso con nosotros mismos. Pero quizá una segunda oportunidad no consiste en volver al pasado, sino en aprender de él y atrevernos a comenzar de nuevo. Porque hay heridas que nos cambian, errores que nos enseñan y despedidas que, con el tiempo, nos ayudan a encontrarnos. A veces, la oportunidad que más necesitamos no viene de nadie: somos nosotros quienes debemos concedérnosla.


jueves, 3 de septiembre de 2026

Arroz con leche para volver a casa

Hay recetas que no solo alimentan: también abren una puerta a la memoria. Este arroz con leche se cocina despacio, con canela, limón y paciencia.

Ingredientes

  • 1 litro de leche entera.
  • 120 g de arroz redondo.
  • 100 g de azúcar.
  • 1 rama de canela.
  • La piel de un limón, sin la parte blanca.
  • Canela molida para terminar.

Tiempo y dificultad

Preparación: 10 minutos. Cocción: 40 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 4.

Paso a paso

  1. Lava el arroz y cuécelo durante 5 minutos en agua. Escúrrelo para que el resultado quede más suave.
  2. Calienta la leche con la canela y la piel de limón. Cuando empiece a humear, añade el arroz.
  3. Cocina a fuego bajo durante unos 30 minutos y remueve con frecuencia para evitar que se pegue.
  4. Incorpora el azúcar y continúa la cocción durante 5 minutos. Retira la canela y el limón.
  5. Reparte en cuencos, deja templar y termina con canela molida.

Consejo del Niño Canela

No tengas prisa por espesarlo demasiado en la cazuela: al enfriarse ganará cuerpo. Si lo prefieres más ligero, añade un pequeño chorrito de leche al servir.

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viernes, 24 de julio de 2026

Hay libros que se leen. Y hay libros que se quedan dentro


El niño que huele a canela
es una memoria íntima y poética sobre la infancia, el abandono, la cocina como refugio y la fuerza del recuerdo.

Una lectura breve, sincera y profundamente humana, capaz de emocionar desde la primera página.

jueves, 16 de julio de 2026

EL NIÑO QUE HUELE A CANELA

 A veces no recordamos una etapa de nuestra vida por lo que vimos, sino por lo que sentimos.

Hay aromas que permanecen para siempre. La canela, un abrazo. Una cocina. Una persona que ya no está. Un instante que cambió nuestra historia.

El niño que huele a canela es una novela que invita a detenerse, mirar hacia dentro y recordar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre existe un pequeño aroma capaz de devolvernos la esperanza.

Si alguna vez un olor te ha transportado a un recuerdo inolvidable, quizá esta historia también consiga quedarse contigo.

📖 ¿Qué aroma te lleva de vuelta a tu infancia? Cuéntamelo en los comentarios.

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domingo, 12 de julio de 2026


La cocina lenta del Mundo Canela: por qué vuelvo al blog

Hace meses que no escribo aquí. El blog se ha quedado callado, como esas cocinas que se apagan cuando la vida se acelera. Pero hoy, en mitad de julio, con el verano extendiéndose como un mantel blanco, siento que es momento de encender de nuevo el fuego.

¿Qué ha pasado?

La vida, como siempre, se ha interpuesto. Empecé otros proyectos y colaboraciones que me tenían ocupado. Nuevas rutas, nuevas cocinas, nuevos tiempos. Y en medio de todo eso, el blog se fue quedando atrás.

No por falta de ganas. Sino por exceso de realidad.

¿Por qué vuelvo?

Porque este blog nunca fue un escaparate. Es la cocina lenta del proyecto Mundo Canela. El lugar donde se cuecen las ideas a fuego lento, donde los olores se transforman en palabras y las memorias en textos.

Vuelvo porque necesito este espacio. Porque escribir aquí no es una obligación: es un ritual. Una forma de volver a mí mismo, de recordar quién soy más allá de la rutina.

¿Qué encontrarás?

  • Reflexiones sobre el tiempo, la memoria y la escritura

  • Recetas con historia (de esa cocina que fue mi refugio y mi salvación)

  • Fragmentos de libros y ejercicios de escritura

  • Actualidad del Mundo Canela: proyectos, ilustraciones, novedades

  • Ejercicios creativos para escribir desde el cuerpo y los sentidos

Este no es un blog de productividad. No busco impresionarte con palabras bonitas. Busco acompañarte. Como se acompaña a un amigo en la cocina, mientras se pica cebolla y se habla de lo que duele, de lo que sana, de lo que queda cuando todo lo demás se ha ido.

Un lugar donde el tiempo se saborea

Este blog es un taller. Un lugar donde el tiempo no corre, sino que se saborea. Donde la canela no es solo un olor: es una forma de estar en el mundo.

Te invito a volver conmigo. A leer sin prisa. A recordar con el cuerpo. A escribir con las manos manchadas de vida.

¿Y tú?

¿Qué te gustaría leer aquí? ¿Recetas con historia? ¿Ejercicios de escritura? ¿Fragmentos de libros? Déjame un comentario o escríbeme por Instagram (@davidmarotoaviles). Este blog es tuyo también.

Gracias por estar al otro lado. Por leer. Por esperar. Por volver.

Con gratitud,



domingo, 24 de mayo de 2026

 Hoy escribimos desde el pulso pequeño: no prometo grandes historias, solo una esquina de memoria donde cabe una sola cosa —el ruido de la taza, la canela en el aire— y todo lo demás se deja respirar.

Hay días en que la vida pide lentitud: doblar la ropa, hablar con la luz, recordar el nombre de un sabor que ya no vive en la casa. Me siento a la mesa con una libreta y escribo tres líneas que saben a infancia; no pretenden ser verdad absoluta, solo un fragmento que se queda prendido en la garganta.

El Mundo Canela no necesita prisa. Cada palabra que dejamos crecer despacio alimenta la memoria; cada gesto pequeño (un vaso calentito, una mancha de tierra en las manos) es un gesto de fidelidad a aquello que fuimos. Hoy el blog se abre como se abre una ventana: para dejar entrar el aire y también para mirar el polvo que danza en su silencio.

Si te parece, volveré el domingo: traeré otra imagen, otra frase, un pedazo de recuerdo. Mientras tanto, guarda una cucharilla de canela en la mesa —no para medir ingredientes, sino para medir el tiempo.


domingo, 17 de mayo de 2026

Volvemos despacio





Hace tiempo que no escribíamos aquí.


No por falta de cosas que contar, sino porque a veces la vida pide silencio, pausa y un poco de fondo para que las palabras vuelvan a encontrar su sitio. Hay etapas así, en las que uno se aleja sin irse del todo, y deja que el tiempo ordene lo que por dentro todavía estaba buscando forma.


Este blog sigue siendo nuestra casa pequeña, ese lugar donde caben la memoria, los sabores, las imágenes que no se olvidan y las palabras que nacen sin prisa. Un rincón para volver cuando hace falta recordar de dónde venimos y qué nos sigue latiendo por dentro.


Hoy regresamos así: despacio, con verdad, sin ruido.  

Como quien abre una ventana después de mucho tiempo y deja entrar otra vez la luz.


Porque hay espacios que no se abandonan.  

Solo esperan.  

Y este, el nuestro, estaba esperando.


**El Chico Canela**  

**DMA**

domingo, 10 de mayo de 2026




Queridos lectores, 


Hacía un mes que no nos veíamos por aquí. El **fuego lento** del Universo Canela nunca se apaga, solo se concentra para volver con más fuerza. 


Hoy retomamos el camino. Con la misma **autenticidad**, la misma **humanidad** y esa **belleza silenciosa** que nos define.


**DMA** ha regresado.  

Seguimos escribiendo la memoria.  

Seguimos cocinando emociones.


Bienvenidos al hogar.  

🌙✨


**David Maroto Avilés**  

**DMA - El Niño que huele a Canela**


#UniversoCanela #DMACanela #Bienvenidos

domingo, 19 de abril de 2026

todo continua

 Hacía tiempo que no escribía aquí. Demasiado, la verdad.

Entre el nuevo trabajo, preparar la feria de Sant Jordi y este torbellino que es empezar una actividad nueva, la agenda se ha llenado y el blog se ha quedado callado.


Pero hoy, Sant Jordi, es uno de esos días que me recuerdan por qué empecé a escribir: por la emoción de las historias, por el olor de los libros, por esa mezcla de febrero y azul, de canela y futbolín.


Volver no significa que todo vuelva “como antes”. Ahora escribo con otro ritmo, con más cansancio y también con más ganas. Ganas de contar, despacio, cómo el Universo Canela se expande: desde el niño que huele a canela al hombre que se levanta temprano, atiende  a la gente y luego se sienta, aunque sea a altas horas, a poner letras una detrás de otra.


Este blog vuelve con el propósito de ser más fiel a lo que vivo: no solo textos bonitos, sino también el ruido del día, el sudor, las dudas, el nervio de la fera 


el abrazo de la gente que se acerca, las historias que se cuentan entre números y bolsitas.


Si te quedas, sabrás que no volveré a desaparecer sin avisar.

Y si has vuelto, bienvenid@ a este nuevo capítulo de “Universo Canela”: el que huele a loteria, a regalos, a libros y a tiempo lento.

lunes, 6 de abril de 2026

DIA DE RECOGER LA MONA DE PASCUA

 Hoy en Reus las calles respiran un poco más hondo. El lunes de Pascua no se parece a los otros lunes: es un día que se toma su tiempo, como si el mundo se hubiera acordado de bajar un poco el ritmo. No hay prisas urgentes, ni agendas que no puedan esperar. Solo la calma de un festivo que sabe a domingo alargado.


En la cocina, el aire también cambia. El horno se enciende con otra intención: no es solo para cocinar, es para celebrar. Un huevo, un trozo de pan, un dulce sencillo… se convierten en gestos pequeños de gratitud. En el Mundo Canela, la Pascua no pide grandes alardes, sino cercanía. Es la excusa perfecta para sentarse a la mesa con uno mismo, con la familia, con la memoria de los que ya no están pero siguen ocupando silla.


Este lunes esconde algo bonito: nos recuerda que el descanso también puede ser fiesta. Que no hace falta correr hacia el futuro para que el día valga la pena. A veces, lo más importante es detenerse. Mirar alrededor. Notar que el sol entra de otra forma, que el tiempo se estira, que la ciudad se permite un respiro colectivo.


En Reus, el lunes de Pascua huele a pan recién hecho, a café compartido, a voces que se cruzan más despacio por la calle. Es un día que invita a hacer menos y habitar más. No tanto para rendir, sino para recordar quiénes somos cuando nadie nos mira: cuando el trabajo se calla, cuando el reloj se ralentiza, cuando el corazón se queda mirando por la ventana.


Tal vez, por eso, este lunes sea un buen día para escribir. Para encender una luz tenue, sacar un cuaderno y dejar que salga lo que quiera. No es necesario que sea perfecto, solo honesto. Un texto corto, una carta al niño que fuiste, una nota para ti mismo. Pequeños rituales de Primavera interior que se celebran sin necesidad de altavoces.


Que este lunes de Pascua en Reus sea un recordatorio dulce: que la vida también puede ser sencilla, cálida y lenta. Y que, en medio de tanta agilidad impuesta, el descanso consciente es también un acto de rebeldía amorosa.


domingo, 5 de abril de 2026

UN DOMINGO MAS

 Hoy es domingo y la casa amanece más lenta que de costumbre.

No hay prisa en los relojes ni urgencias en el teléfono, solo ese silencio raro que se cuela entre las persianas, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo para que por fin puedas escucharte por dentro.


En la cocina, la luz entra a trozos.

Un rayo de sol se posa sobre la mesa, justo donde anoche dejaste una taza con restos de café y un libro abierto por la mitad. La canela, que quedó pegada a la cerámica, ha dibujado un círculo imperfecto, como una pequeña luna doméstica que te recuerda que el tiempo también sabe ser amable cuando no lo llenas de tareas.


Hoy no hace falta hacerlo todo.

No pasa nada si la ropa espera en la silla, si los platos se quedan un rato más en el fregadero, si la bandeja del correo sigue llena de mensajes que no vas a contestar ahora.

Hoy la única cita importante es contigo, con ese niño interior que sigue oliendo a canela y a pan tostado, y que lleva demasiado tiempo llamando a la puerta para que le dejes pasar.


Te preparas un café sin mirar el reloj.

Mientras el agua hierve, recuerdas aquellas mañanas en las que alguien te decía qué hacer, a qué hora levantarte, cómo comportarte, dónde colocar tus manos para no molestar. Creciste aprendiendo a ser eficiente, obediente, resistente.

Pero nadie te enseñó a descansar sin sentir culpa. Nadie te explicó que también es un acto de valentía bajar el ritmo y decir: hoy me quedo conmigo.


Te sientas frente a la ventana con la taza entre las manos.

El vapor sube despacio, y el olor a canela llena la habitación como una manta invisible. De repente, te das cuenta de que hace mucho que no te quedabas quieto a escuchar el ruido sencillo de la calle: un coche que pasa, una vecina que cierra la puerta, un pájaro que insiste en repetir la misma melodía.

El mundo sigue, sí, pero tú por fin te has dado permiso para no correr detrás de él.


En ese pequeño paréntesis, empiezan a aparecer recuerdos.

Vuelven las cocinas de otros tiempos, las voces que ya no están, las manos que te acercaban un plato caliente para consolar un día difícil. Vuelven también las cicatrices: las veces en que no te creyeron, las ausencias, los portazos.

Pero hoy, en este domingo tranquilo, no vienen para hacerte daño, sino para recordarte todo lo que has sobrevivido.

Sigues aquí. Sigues escribiendo tu historia, aunque a veces se te olvide.


Quizá descansar también sea eso:

reconocer que no tienes que ser productivo para merecer un lugar en el mundo.

Que tu valor no se mide por la cantidad de cosas que haces, sino por la manera en que te sostienes cuando nadie mira, por la ternura con la que te hablas cuando todo se cae, por la paciencia que te tienes mientras sanas.


Piensas en el niño que fuiste.

En ese niño que olía a canela y a refugio, incluso cuando la vida le quedaba grande. Él no necesitaba una agenda llena para sentirse vivo: le bastaba una tostada recién hecha, una historia antes de dormir, una mirada sincera que dijera “aquí estás a salvo”.

Tal vez el adulto que eres ahora necesite lo mismo, aunque lo disfrace de responsabilidades y listas interminables.


Por eso, hoy te propongo un gesto sencillo:

cierra los ojos un momento, respira hondo y pregúntate cómo estás de verdad.

No cómo deberías estar, ni cómo quieres parecer ante los demás, sino cómo estás tú, aquí y ahora, con tus cansancios, tus deseos y tus pequeñas ganas de seguir.

Si te viene una lágrima, déjala caer. Si te nace una sonrisa, déjala quedarse. No tienes que corregir nada.


Este domingo de canela no viene a arreglar tu vida, viene a recordarte que no estás roto, solo cansado.

Que mereces pausas, meriendas lentas, siestas improvisadas, llamadas sin motivo, abrazos que duren más de tres segundos.

Que también es parte de la sanación aprender a no hacer nada y descubrir que, incluso cuando no haces nada, sigues siendo suficiente.


Cuando termines tu café, no salgas corriendo.

Quédate un poco más en este lugar suave, aunque sea solo en tu mente.

Piensa en algo pequeño que puedas regalarte hoy: una caminata sin destino, una receta sencilla, una canción repetida diez veces, una página de ese libro que llevas semanas posponiendo.

Hazlo sin prisa, sin obligación, sin necesidad de demostrar nada a nadie.


Porque, al final, de eso va este mundo que estás construyendo:

de aprender a habitarte por dentro con la misma ternura con la que una casa se llena de aroma a canela cuando alguien decide encender el fuego, solo porque sí.

Sin motivo.

Sin excusas.

Solo porque lo mereces.


domingo, 29 de marzo de 2026

GRACIAS

Gracias a todos por hacer realidad el aroma del Universo Canela.

Vuestra presencia convirtió la presentación en un fuego lento de emociones compartidas.


Un día para recordar

La sala de la Biblioteca Xavier Amorós se llenó de rostros amigos y desconocidos que se convirtieron en cómplices. Cada palabra leída, cada copia firmada con una palabra única para vosotros, tejió la magia de El Niño que Huele a Canela. El Niño Canela cobró vida entre risas, abrazos y ese silencio atento que solo nace de lo auténtico.


Mis colaboradores, mi familia

A la biblioteca y su equipo, por abrir las puertas y proveer los marca páginas que guardarán vuestras memorias.

A carlos  mi invitado especial, por compartir su luz y enriquecer el universo con su voz.

A los que trajisteis chapas, vinilos y el calor de lo cotidiano: sois el pulso de este proyecto DMA.

Y a cada asistente que compró, escuchó o simplemente estuvo: gracias por oler a canela conmigo.



Sin vosotros, no habría fuego. Seguid oliendo la vida. 🌙✨

lunes, 16 de marzo de 2026

 Hoy, en el Mundo Canela, el Niño Canela recorre las calles de Reus con un décimo de ONCE en la mano, oliendo a esa especiada memoria que nunca se va, mientras reparte sueños como quien reparte esperanza en los pasillos del abandono.

Del libro original, rescato este latido del capítulo "Pan duro, alma tierna": 

A veces la vida empieza en los rincones más humildes. El mío estaba junto a una cocina. No era grande ni brillante, sino la del centro de menores donde pasé buena parte de mi infancia. All, entre ollas abolladas y vapor espeso, descubrí algo parecido a la ternura. Susi, la cocinera del centro, fue mi primera maestra sin pretenderlo. Me recibía cada mañana con una sonrisa cansada y un trozo de pan duro con chocolate."

​



Así como Susi me dio pan y refugio cuando no había nadie, hoy vendo boletos ONCE gritando "¡Repartiendo sueños!" en el Mercat Central, convirtiendo cada décimo en un puente hacia la dignidad que encontré fregando platos. El niño que ayudaba en la cocina del centro –con pies colgando y manos aprendiendo a salar guisos– ahora transforma números en ilusiones para otros, honrando esa alma tierna que el fuego lento siempre guarda.

Coca de recapte con escalivada y sardinas: una coca para el camino

El primer fresco de octubre entra en el mercado por debajo de los toldos. En una caja, los pimientos rojos parecen guardar el último sol; al...