Cubierta de la novela La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés.

Novedad · Novela independiente · Preventa

La receta que nadie escribió

Una historia sobre lo que nos cuida, incluso sin saberlo.

A veces, cuatro palabras bastan para abrir una puerta que llevaba años cerrada: pan, leche, azúcar y canela. Tomás descubre que también puede dejarse cuidar y mirar de otra manera su propia historia.

Preventa disponible. Lanzamiento previsto: 25 de noviembre de 2026.

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¿Por qué existe Universo Canela?

Porque algunas historias merecen ser contadas despacio.

Porque la memoria también necesita un hogar.

Porque los libros pueden seguir abrazándonos cuando todo parece haberse roto.

Universo Canela es un refugio para quienes aún creen en las palabras, en los recuerdos y en la belleza de las cosas sencillas.

Ilustración en acuarela de un niño en la cama escuchando una radio durante la noche.

Una historia que también se escucha

La radio, un hilo al mundo. Pulsa reproducir cuando quieras escuchar el audio de bienvenida a Universo Canela.

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jueves, 20 de noviembre de 2025

El aroma que todo lo nombra

Hoy el calendario me recuerda algo profundo: es el Día Universal de la Infancia , ese día en que el mundo entero se detiene para pensar en los niños que fuimos, en los niños que son, en los niños que merecen un mundo más cálido. Y yo, desde este rincón de memoria y canela, no puedo evitar sentir que cada palabra que escribo es un abrazo a ese niño que aún vive en mí, el que huele a canela, el que guardaba secretos en los bolsillos y miraba el mundo con los ojos abiertos de par en par.​


Hoy celebro a San Edmundo , el rey justo que eligió la fidelidad por encima de todo, ya San Félix de Valois , el que dedicó su vida a liberar cautivos. Pienso en cómo la infancia misma es una especie de cautiverio hermoso: estamos atrapados en un tiempo que no volverá, en olores que nos persiguen, en sabores que nos definen. Y sin embargo, esa jaula de recuerdos es también nuestra mayor libertad, porque nos enseña quiénes somos.​


Hoy, en el Mundo Canela , el aire huele a hogar. Huele una infancia rescatada, una verdad emocional, a esos pequeños gestos cotidianos que construyen una vida entera. Pienso en los niños de Villa Nueva de la Fuente, los que corrían por las calles de tierra mientras el aroma de la canela se colaba en cada rincón de la memoria. Pienso en cómo niños esos —todos ellos, todos nosotros— merecemos ser recordados, celebrados, protegidos.​


La infancia no es sólo un tiempo pasado. Es un territorio al que podemos regresar cada vez que cerramos los ojos y dejamos que los aromas nos guían de vuelta a casa. Hoy celebro a ese niño que fui, al niño que soy, al niño eterno que habita en cada página de este universo narrativo. Porque el tiempo es fuego lento , y la memoria, canela que endulza todo lo vivido.


Bienvenido al Mundo Canela .



DMA

miércoles, 19 de noviembre de 2025

MI TAZA

Había una taza en la cocina de la casa de acogida. Era blanca, con una grieta fina que la atravesaba como un río seco. Nadie la usaba. Decían que estaba rota, que no servía. Que había que tirarla.

Pero yo la elegía siempre.

La primera vez que la vi, estaba al fondo del armario, escondida entre las tazas perfectas. Las otras eran de colores brillantes, con dibujos de flores o frases motivadoras que nadie leía. Esta era simple. Blanca. Agrietada. Y por eso mismo, mía.

Cada mañana, cuando el resto de los niños aún dormían, yo bajaba a la cocina en silencio. Sacaba esa taza del armario con cuidado, como si fuera un secreto. La llenaba con leche tibia que calentaba en el microondas, y luego le añadía canela. Siempre canela.

Mientras la sostenía entre mis manos, sentía su calor atravesar la grieta. Y me daba cuenta de algo extraño: la grieta no hacía que la taza fuera menos útil. Solo la hacía diferente. Solo la hacía reconocible.

Esa taza y yo éramos iguales. Agrietados, pero aún capaces de contener algo caliente. Aún útiles. Aún vivos. Aún elegibles.

A veces, una de las educadoras entraba y me veía allí, con mi taza rota en las manos. Sonreía y no decía nada. Creo que ella también entendía que hay cosas que no se tiran, aunque estén rotas. Que hay grietas que no necesitan ser reparadas, solo aceptadas.

Las cosas rotas no piden perdón. Solo piden que alguien las mire sin miedo. Que alguien las elija, precisamente por lo que son.

Y esa taza me enseñó algo que nunca olvidé: que lo roto también puede ser refugio. Que lo imperfecto también puede ser hogar.

Hoy, cuando preparo mi café con canela, siempre busco la taza que tiene alguna pequeña marca. Alguna grieta. Alguna historia.

Porque sé que esas son las que más te necesitan. Y las que más te entienden.

— DMA / El Niño Canela 


lunes, 17 de noviembre de 2025

El estudiante con camiseta de Spider-Man


En el universo de "El niño que huele a canela", cada fotografía es una ventana que no se cierra. Hoy miro esa imagen mía: el pequeño de mirada dulce frente a un fondo escolar lleno de colores, con mi camiseta de Spider-Man como armadura inocente.

Spider-Man no nació siendo héroe. Peter Parker era un niño sensible, tímido, que aprendía a tejer redes invisibles. Como yo. Como ese pequeño que enfrentaba el colegio sabiendo que la verdadera educación no está en la velocidad, sino en la capacidad de sentir profundo.



Mientras miras, escucha "MI PEQUEÑO TESORO " de Presuntos Implicados. Deja que la canción y la memoria se fundan, como la canela en el agua caliente.


domingo, 16 de noviembre de 2025

La mirada de ese niño


Cuando miro esta foto, veo más de lo que cualquier otra persona podría ver. Veo al niño que aprendió a sonreír aunque por dentro temblara. Veo las preguntas sin respuesta: ¿Por qué yo? ¿Dónde está mi lugar? ¿Alguien me recordará cuando ya no esté aquí?

Veo también la semilla de lo que vendría después.


 La necesidad de contar, de escribir, de dejar huella. Porque cuando eres un niño invisible para el mundo, lo único que te queda es convertirte en tu propio testigo. Y eso hice. Empecé a escribir mucho antes de saber que me convertiría en escritor.

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