Cubierta de la novela La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés.

Novedad · Novela independiente · Preventa

La receta que nadie escribió

Una historia sobre lo que nos cuida, incluso sin saberlo.

A veces, cuatro palabras bastan para abrir una puerta que llevaba años cerrada: pan, leche, azúcar y canela. Tomás descubre que también puede dejarse cuidar y mirar de otra manera su propia historia.

Preventa disponible. Lanzamiento previsto: 25 de noviembre de 2026.

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¿Por qué existe Universo Canela?

Porque algunas historias merecen ser contadas despacio.

Porque la memoria también necesita un hogar.

Porque los libros pueden seguir abrazándonos cuando todo parece haberse roto.

Universo Canela es un refugio para quienes aún creen en las palabras, en los recuerdos y en la belleza de las cosas sencillas.

Ilustración en acuarela de un niño en la cama escuchando una radio durante la noche.

Una historia que también se escucha

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

LAS RECETAS QUE NADIE ESCRIBIÓ

 Un viejo libro. Un papel antiguo. Cuatro palabras.


Pan. Leche. Azúcar. Canela.


Descubre La receta que nadie escribió, de David Maroto Avilés · DMA.


Una novela sobre lo que hacemos con el cuidado que recibimos.



domingo, 13 de septiembre de 2026

Segundas oportunidades

UN CAFÉ CONMIGO



A veces volver a empezar no significa regresar al mismo lugar, sino aprender a caminar de otra manera.

DMA 


Hay momentos en la vida en los que creemos que todo ha terminado. Personas que se marchan, decisiones que pesan, puertas que se cierran y oportunidades que pensamos que nunca volverán. Pero quizá las segundas oportunidades no llegan para repetir nuestra historia, sino para escribirla de otra manera.

Siéntate. Hoy el café lo pongo yo.

No hace falta que digas nada. Hay días en los que uno simplemente necesita sentarse frente a alguien y dejar que el silencio haga su trabajo.

Hoy quiero hablarte de las segundas oportunidades.

Durante mucho tiempo pensé que una segunda oportunidad significaba volver atrás. Recuperar aquello que habíamos perdido. Conseguir que alguien regresara. Intentar de nuevo lo que una vez salió mal.

Con los años he aprendido que no siempre es así.

A veces una segunda oportunidad no consiste en recuperar a una persona, sino en recuperarnos a nosotros mismos.

Porque todos hemos cometido errores.

Hemos dicho palabras que no debíamos. Hemos confiado en quien no lo merecía. Hemos dejado marchar a personas importantes por orgullo. Hemos tomado decisiones demasiado deprisa y otras demasiado tarde.

Y después llega ese momento incómodo en el que nos quedamos a solas con nuestros pensamientos y nos preguntamos:

¿Y si hubiera hecho las cosas de otra manera?

Ojalá la vida tuviera un botón para volver atrás. Pero no lo tiene.

Y quizá eso sea precisamente lo que nos obliga a crecer.

Una segunda oportunidad no borra lo ocurrido. No cambia el pasado. No convierte nuestros errores en aciertos.

Pero puede enseñarnos a vivir de otra manera después de ellos.

A veces la segunda oportunidad llega en forma de una persona que vuelve a nuestra vida. Otras veces llega como una puerta que se abre cuando pensábamos que todas estaban cerradas.

Y algunas veces llega sin hacer ruido.

Llega una mañana cualquiera.

Te miras al espejo y descubres que, aunque sigues teniendo cicatrices, ya no duelen como antes.

Entonces comprendes algo importante: también puedes darte una segunda oportunidad tú mismo.

Perdonarte por no haber sabido hacerlo mejor cuando todavía no sabías cómo.

Perdonarte por haber querido demasiado.

Por haberte equivocado.

Por haber permanecido demasiado tiempo donde ya no eras feliz.

Por haber dicho adiós.

Por no haberlo dicho antes.

Quizá crecer sea precisamente eso: dejar de castigarnos eternamente por una versión de nosotros que ya no existe.

No todas las historias merecen una segunda parte. Hay personas a las que debemos dejar marchar. Hay puertas que es mejor no volver a abrir.

Pero también existen historias que merecen otra oportunidad.

Y lo difícil está en aprender a distinguir unas de otras.

Por eso, si hoy estás pensando qué llegaste tarde, que perdiste tu oportunidad o que ya no queda nada por hacer, déjame decirte algo:

Tal vez no necesitas volver al principio.

Tal vez solo necesitas dar el siguiente paso.

Porque una segunda oportunidad no siempre se parece a lo que imaginábamos.

A veces no viene acompañada de una llamada.

Ni de un mensaje.

Ni de alguien regresando.

A veces tiene nuestra propia voz.

Esa voz que una mañana nos dice:

Vamos a intentarlo otra vez.

Y quizá ese sea el café más importante que podamos tomar con nosotros mismos.

El café de comprender que todavía estamos aquí.

Que todavía podemos elegir.

Que todavía podemos cambiar.

Que todavía podemos querer.

Y, sobre todo, que mientras haya vida, nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo.


“Una segunda oportunidad no siempre consiste en volver a empezar la historia; a veces consiste en continuar siendo una persona diferente.”

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado tener una segunda oportunidad: con alguien, con una decisión, con un sueño o incluso con nosotros mismos. Pero quizá una segunda oportunidad no consiste en volver al pasado, sino en aprender de él y atrevernos a comenzar de nuevo. Porque hay heridas que nos cambian, errores que nos enseñan y despedidas que, con el tiempo, nos ayudan a encontrarnos. A veces, la oportunidad que más necesitamos no viene de nadie: somos nosotros quienes debemos concedérnosla.


jueves, 3 de septiembre de 2026

Arroz con leche para volver a casa

Hay recetas que no solo alimentan: también abren una puerta a la memoria. Este arroz con leche se cocina despacio, con canela, limón y paciencia.

Ingredientes

  • 1 litro de leche entera.
  • 120 g de arroz redondo.
  • 100 g de azúcar.
  • 1 rama de canela.
  • La piel de un limón, sin la parte blanca.
  • Canela molida para terminar.

Tiempo y dificultad

Preparación: 10 minutos. Cocción: 40 minutos. Dificultad: fácil. Raciones: 4.

Paso a paso

  1. Lava el arroz y cuécelo durante 5 minutos en agua. Escúrrelo para que el resultado quede más suave.
  2. Calienta la leche con la canela y la piel de limón. Cuando empiece a humear, añade el arroz.
  3. Cocina a fuego bajo durante unos 30 minutos y remueve con frecuencia para evitar que se pegue.
  4. Incorpora el azúcar y continúa la cocción durante 5 minutos. Retira la canela y el limón.
  5. Reparte en cuencos, deja templar y termina con canela molida.

Consejo del Niño Canela

No tengas prisa por espesarlo demasiado en la cazuela: al enfriarse ganará cuerpo. Si lo prefieres más ligero, añade un pequeño chorrito de leche al servir.

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viernes, 24 de julio de 2026

Hay libros que se leen. Y hay libros que se quedan dentro


El niño que huele a canela
es una memoria íntima y poética sobre la infancia, el abandono, la cocina como refugio y la fuerza del recuerdo.

Una lectura breve, sincera y profundamente humana, capaz de emocionar desde la primera página.

jueves, 16 de julio de 2026

EL NIÑO QUE HUELE A CANELA

 A veces no recordamos una etapa de nuestra vida por lo que vimos, sino por lo que sentimos.

Hay aromas que permanecen para siempre. La canela, un abrazo. Una cocina. Una persona que ya no está. Un instante que cambió nuestra historia.

El niño que huele a canela es una novela que invita a detenerse, mirar hacia dentro y recordar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre existe un pequeño aroma capaz de devolvernos la esperanza.

Si alguna vez un olor te ha transportado a un recuerdo inolvidable, quizá esta historia también consiga quedarse contigo.

📖 ¿Qué aroma te lleva de vuelta a tu infancia? Cuéntamelo en los comentarios.

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Coca de recapte con escalivada y sardinas: una coca para el camino

El primer fresco de octubre entra en el mercado por debajo de los toldos. En una caja, los pimientos rojos parecen guardar el último sol; al...